Aquí nos gusta romper mitos, sobre todo aquellos que nos llevan repitiendo desde el colegio, o los que otros se repiten para reafirmarse en sus ideas. Pero ante todo queremos acabar con aquellos odiosos tipo “la Edad Media fue una época oscura y de perdición”, “la Revolución Francesa fue un baño de sangre producido por el populacho” o “la arquelogía es hacer de Indiana Jones”. Y como esta mañana me la he pasado siglando piezas de cerámica, cosa supuestamente ligada con el último mito mencionado, me voy a dedicar a aclarar unos cuantos puntos (sólo es un breve esbozo, podría decirse mucho más):
- No existen mapas del tesoro (en eso podemos estar de acuerdo con Indiana Jones). Las excavaciones empiezan porque hay documentada la existencia de algún sitio (es decir, un documento en latín o similar que te habla de una masia, iglesia o monasterio, pero que nunca te da las coordenadas exactas, y da gracias que puedes reconocer los topónimos) o porque alguien decide construir un chalet/parking/recinto público y, para su desgracia, se topan con que alguien tuvo la misma idea antes cientos o miles de años antes.
-Las excavaciones no se hacen con pincelitos. Primero hay que quitar metros y metros de tierra a paletadas, o con maquinaria si tienes suerte. Luego hay que seguir con picos y similares, cepillos y, para las cosas más delicadas, cepillos de dientes (normalmente a posteriori, una vez acabada la excavación).
-No, los arqueólogos no se dedican a buscar dinosaurios, para eso están los paleontólogos (los cuatro que hay en la Península Ibérica). Para eso mejor pregunta en Montana o Colorado.
-No se busca oro. El mayor tesoro que puedes encontrar es una pieza de cerámica inusual, ya que la cerámica se usa como fósil director para determinar la época, procedencia (comercio), cultura, religión, etc, del yacimiento.
-El carbono-14 se usa sobre todo para la prehistoria, poquísimo para la época antigua y difícilmente para más adelante. Primero porque es caro y el presupuesto normalmente escaso, y segundo porque no es exacto y te puede dar variaciones de hasta 300-400 años.
-Los cuerpos no están incorruptos, vestidos y con objetos significativos esperando a que tú determines edad, sexo y motivo de la muerte. Da gracias porque el esqueleto no esté destrozado y/o convertido en polvo.
-La arqueología tiene momentos tan glamourosos como arrancar hierbas de un yacimiento, cargar carretillas llenas de tierra o limpiar y recolectar piedras para la reconstrucción de un muro.
-Hay momentos tediosos, en los que tienes que dibujar en papel milimetrado todo lo que encuentras, hacer matrices de Harris o etiquetar y guardar cada pieza según estrato, estructura, individuo, etc (aunque mida medio milímetro).
-Establecer una hipótesis no siempre es sencillo, y explicar las cosas según la navaja de Ockham puede inducir a errores. Dos ejemplos (uno de ellos para jugar a las adivinanzas):
a) Se encuentran dos tumbas, y con ellas un cuchillo como ajuar. Si la tumba es masculina se le adjudica la función de arma, mientras que si es femenina la de cuchillo de cocina. No siempre es correcto, y un análisis de rastros puede demostrar que su uso era diferente al que se adjudicó mecánicamente.
b) Aparecen en Castell-Rosselló (Perpinyà) 43 sellos de plomo árabes del siglo VIII dC, utilizados para sellar la quinta parte del botín de guerra destinada al califa. Junto a ellos, cinco cadáveres enterrados de cualquier forma imposibilitando identificar su origen. Hipótesis obvia? Bueno, ellos aún se preguntan qué pasó exactamente*.
* R. Marichal, P. Senac, “Ruscino un établissement musulman du VIIIe siècle”, en Ciudades y capo en la tarraconense y en al-Andalus, Actas del coloquio Villa 2, Zaragoza, 2006.